
"Pienso en tí cuando escribo, pienso en tí cuando lloro, pienso en tí cuando río. Y tú no lo ves, tu sigues jugando, atándome cuando me desato, soltándome cuando me agarro. Tú ríes y te entretienes, yo sufro y sangro. Tú vuelas feliz, sabiéndome a tus espaldas, yo agacho la cabeza y me ciego, esperando el golpe contra el suelo. Tú me quieres, pero te asusta quererme, yo te quiero, pero me asusta que no me quieras.
Tú confías en que siempre estaré ahí, a pesar del daño y de las heridas, yo desconfío de hasta cuanto más podré aguantar. Crees tenerlo todo bajo control, que me tendrás cuando te haga falta, y seguirás rechazándome cuando no. Yo ni afirmo ni desmiento, pero no soy un juguete más entre tus manos. En realidad no quieres que sea así, no quieres jugar, ni que sea un jueguete para tí, pero el miedo te atenaza, miedo a mostrarte, miedo a querer, miedo a que te quieran. Y entonces juegas, para engañarte, pensar que no es más que un juego, no es real, no hace daño. Teniendo por seguro que siempre será así, hasta que te canses, hasta que no quieras más, y deshacerte del jueguete, desecharlo en la nada.
Pero puede que el juguete se canse antes que tú, o que termine de romperse y ya no te sirva, tiemblas con la sola idea de pensarlo, pero así acabará sucediendo; o va siendo hora de superar tus miedos y madurar [...]"
